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El porqué que siempre te hace volver

  • Foto del escritor: Anabel
    Anabel
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

Ana es mamá. Y también una mujer que ha tenido que parar muchas veces.

No porque no quisiera seguir, sino porque su cuerpo le susurraba con dolores, molestias, achaques que aparecen cuando menos lo esperas. Un día te grita y te obliga a frenar. Una y otra vez, como un ciclo repetitivo. Y cada parón duele. No solo en el cuerpo. También en la cabeza de Ana.


Porque cuando llevas tiempo sin correr, vuelven las dudas.

“¿Y si ya no puedo?”

“¿Y si empiezo y tengo que volver a parar?”

“¿Merece la pena intentarlo otra vez?”

Ana se ha hecho todas esas preguntas más de una vez.

Pero hay algo que siempre la empuja a volver a calzarse las zapatillas. No es una carrera. No es un tiempo. No es demostrar nada a nadie.

Es cómo se siente cuando corre.

Mientras practica running, Ana se siente en calma. Siente que su mente se ordena. Que respira mejor. Y que, aunque el cuerpo vaya despacio, por dentro todo parece encajar.

Y cuando termina… llega esa sensación difícil de explicar. Bienestar. Orgullo. Paz. La certeza de haber hecho algo bueno por ella, aunque haya sido poco. Aunque haya sido suave. Aunque no sepa cuánto durará esta vez.

Ana no corre porque sea fácil. Corre porque su porqué es claro: sentirse bien consigo misma. Porque sabe que ese rato le devuelve energía para el resto del día. Porque ha comprobado que, incluso después de parar, siempre merece la pena volver a empezar.



Hoy Ana se vuelve a poner las zapatillas. Sin exigencias. Sin promesas imposibles. Solo con la intención de cuidarse. De sentirse viva.

Cuando tu porqué es fuerte, no te rindes. Paras si lo necesitas… pero no abandonas. Porque sabes que lo que te espera al final del camino es bienestar, satisfacción y plenitud.

Y tú, ¿tienes claro tu porqué?

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