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Hidratación en el running: por qué es clave para rendir mejor y cuidarnos


A medida que avanzamos y aumentamos nuestra actividad, hay un aspecto que muchas veces pasamos por alto: la hidratación. En running, no solo importa cuánto nos movemos, sino también cómo cuidamos nuestro cuerpo durante y después del esfuerzo. Y aquí, el agua juega un papel fundamental.

Desde la fisiología del ejercicio sabemos que el cuerpo pierde líquidos a través del sudor incluso en entrenamientos suaves. Esta pérdida, aunque no siempre visible, afecta directamente al rendimiento y al bienestar. Una deshidratación leve ya puede provocar fatiga, menor resistencia y aumento de la sensación de esfuerzo.

Mantener una buena hidratación nos ayuda a regular la temperatura corporal, facilita el transporte de nutrientes y permite que músculos y articulaciones funcionen correctamente. Cuando estamos bien hidratadas, el cuerpo responde mejor, el esfuerzo se percibe como más llevadero y la recuperación es más rápida.

Para muchas mujeres, especialmente cuando corremos a ritmos suaves o en sesiones cortas, puede parecer que no es necesario prestar atención a este aspecto. Sin embargo, la hidratación no depende solo de la intensidad, sino de la constancia y del hábito diario. No se trata de beber grandes cantidades de golpe, sino de mantener un equilibrio a lo largo del día.


Cómo hidratarnos de forma sencilla


  • Beber agua de forma regular durante el día, no solo cuando tenemos sed o cuando realicemos actividad física.

  • Tomar un vaso de agua antes de salir a correr. Rutina básica para comenzar con buen pie.

  • Si nuestro entrenamiento supera los 30–40 minutos, tomamos pequeños sorbos durante y al finalizar.

  • Señales simples, como el color de la orina, nos puede ayudar a identificar si lo estamos haciendo bien (claro suele indicar buena hidratación).

Qué no hacer

  • No esperar a tener sed intensa para beber.

  • No sustituir el agua habitualmente por bebidas azucaradas. 

  • No “sobre hidratarse” en exceso justo antes de correr.

  • No ignorar señales como mareo, fatiga excesiva o dolor de cabeza.


La hidratación es un hábito diario, no algo puntual del entrenamiento.

Porque a veces, mejorar no es hacer más… sino cuidar mejor lo que ya estamos haciendo.


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